Miento si digo que no amo, miento cuando me siento solo , miento cuando a mi mismo trato de advertirme sobre peligros inexistentes.
La esperanza solo muestra un lugar lleno de luz, quizá lejano, prometedor y eterno. Al nacer compartí con el mundo entero lo principalmente común: la vida, en este mundo nuevo, y esa misma vida me muestra que mi nacimiento no fue el único comienzo, que el principio es periódico y constante.
La vida ese gran camino a la muerte, que se hace irreversible y a veces frustrante, nos agota, nos acaba, nos duele. Pero eso que llaman espíritu o alma renace cada momento, cada vez que al despertar, sea que lo presencie o no, sale el Sol y alumbra todo lo que una vez fue oscuro.
Renazco y todo es posible cuando en la mirada inocente y tierna de los seres más amados, se nota solo una intensa y fluorescente llama que ilumina la existencia y dice e vuelve aquí; estoy vivo de nuevo cuando las tiernas palabras de los más queridos e inocente seres gritan un te amo, aunque sea con una voz muy poco elocuente pero llena de verdad de única verdad.
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