lunes, 13 de septiembre de 2010

Carceles

Cada vida comienza y termina, cada hecho es intrascendental en la medida de la importancia que se le ofrece, revela un encantamiento del que nunca se sale.

Desde el nacimiento comienza nuestra definición, se proclama nuestro sitio; desde nuestro nacimiento normalmente pertenecemos, sin derecho a reclamar, a un grupo, a un recinto, nuestra vida está casi definida, solo falta vivirla; luego viene la libertad que algunos sugieren, que otros buscan, que pocos encuentran. Pero para quienes lo hacen, también en ella encuentra el mismo limite, ese límite que no está impuesto sino creado por nosotros mismos, con el que vivimos y que nunca superamos.

Enclaustrados siempre hemos estados, desde la escuela, el colegio, la universidad, el trabajo. Ese último sitio que nos convierte en esclavos; para algunos un dia libre es una hazaña, quizá hay que ganarlo o peor aún pagar por él o que alguien lo pague por nosotros. Pero cada uno tiene su propia morada, en la que finalmente se perpetúa, a la que finalmente se acostumbra; cada quien tiene su pequeño mundo quizá creado por si mismo, quizá copiado de otros o tal vez desconocido; del que algunos quieren escapar pero otros son felices o inocentes.

Al tratar de perseguir eso que llaman sueños y que seguramente solo podrían llamar satisfacción de necesidades, solo se llega a caerse un un sueño profundo del que involuntariamente nunca se despierta, esperando casi una catarsis.

Cómo atravesar el límite, como ganar una rebaja de condena?, no es necesario tratar de responder interrogantes que ni siquiera existen, es más fácil y más vital acomodarse, aceptar que la condena es perpetua y dulce.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Novo Dia

Al salir a la calle, se encuentra la humedad seca de la lluvia que se escuchaba a través de las ventanas de la habitación, sin embargo el ambiente es caluroso y se torna pesado para respirar, y sobre todo para soportar, con un traje que no es propiamente apto para la temperatura.

Apresurando entonces el paso, tratando de no mirar una vez más el reloj, que muestra que de nuevo no se llegará a tiempo, por fin logra escaparse del absurdo y resplandeciente sol que a una hora tan temprana aparece. Hoy el saludo tendrá que ser con la mirada baja, para tratar de pasar desapercibido, evitando a todos, ojalá convirtiéndolo en invisible; lo logra y sonrie para si mismo al creerse ganador en su juego, donde solo hay un participante. Pero su vana felicidad dura menos de dos segundos, termina al ingresar a su oficina y volver a aparecer al mundo, compuesto ahora por otras pocas personas más, tres o cuatro a lo sumo, que acompañaran su largo y ahora frio día, personas a las que aunque para siempre será inivisbe, esta ves si saludará mirando a los ojos, pero con menos importancia que antes.

Durará pocos minutos, o quiza no se sentiran las horas, que usará para traer recuerdos, algunos lejanos, otros con solo un día o menos de antigüedad, pero igual vanos recuerdos, que tratan de prolongar un poco el inicio de la responsabilidad cotidiana. Por fin una palabra cerca, o el telefono al timbrar, o quizá un nuevo mensaje, logran terminar con la no acostumbrada, sino inconciente penumbra mental en la que cada siempre caé , dá comienzo así a un nuevo e igual día.