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lunes, 13 de septiembre de 2010

Carceles

Cada vida comienza y termina, cada hecho es intrascendental en la medida de la importancia que se le ofrece, revela un encantamiento del que nunca se sale.

Desde el nacimiento comienza nuestra definición, se proclama nuestro sitio; desde nuestro nacimiento normalmente pertenecemos, sin derecho a reclamar, a un grupo, a un recinto, nuestra vida está casi definida, solo falta vivirla; luego viene la libertad que algunos sugieren, que otros buscan, que pocos encuentran. Pero para quienes lo hacen, también en ella encuentra el mismo limite, ese límite que no está impuesto sino creado por nosotros mismos, con el que vivimos y que nunca superamos.

Enclaustrados siempre hemos estados, desde la escuela, el colegio, la universidad, el trabajo. Ese último sitio que nos convierte en esclavos; para algunos un dia libre es una hazaña, quizá hay que ganarlo o peor aún pagar por él o que alguien lo pague por nosotros. Pero cada uno tiene su propia morada, en la que finalmente se perpetúa, a la que finalmente se acostumbra; cada quien tiene su pequeño mundo quizá creado por si mismo, quizá copiado de otros o tal vez desconocido; del que algunos quieren escapar pero otros son felices o inocentes.

Al tratar de perseguir eso que llaman sueños y que seguramente solo podrían llamar satisfacción de necesidades, solo se llega a caerse un un sueño profundo del que involuntariamente nunca se despierta, esperando casi una catarsis.

Cómo atravesar el límite, como ganar una rebaja de condena?, no es necesario tratar de responder interrogantes que ni siquiera existen, es más fácil y más vital acomodarse, aceptar que la condena es perpetua y dulce.