Cuando las cortinas están puesta o cuando el lado interior se cubre el cristal se convierte en espejo o simplemente deja de ser atractivo, en el primer caso al menos quien se refleja tiene un poco de interés aunque sea en verse a si mismo, pero en el segundo caso se olvida definitivamente de la existencia de lo que ocurre adentro, pero sigue ocurriendo atrás de esas cortinas, oculto a los ojos exteriores.
No siempre es fácil mantener la mirada al infinito sin pensar que se aleja, pero siendo consciente de que realmente vamos hacia él; declarando que el tiempo simplemente pasa, que la vida simplemente continua, que aunque queramos todo cambia, nada permanece igual. Inclusive lo que parece que pudo matarnos, eso que dijimos insuperable o eso que parecía interminable, como un amor o una muerte, como un piedra o un oceano como algo limitado o simple, también ese dolor termina o es reemplazado por una inesperada tranquilidad, por algo siempre mejor o por lo menos diferente.
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