Mientras el frio vacío de la celda habitual del preso, que injustamente fue
condenado, lo llevaba por el camino más oscuro: su vida, el solo esperaba que
por fin un día la verdad se mostrara un poco benévola y estuviera de su parte;
pero esperaba demasiado, si a la vez pensaba en el gran juego de
otros donde las cartas están puestas sobre la mesa, y hace mucho tiempo había
perdido, inclusive desde antes de comenzar a jugar, sin saber nunca que entraría
en el juego; solo la casualidad de esa misma vida que no sabía si tenía o sufría
lo ponía ahora en un momento tan largo como el último instante antes de saber
que está en el camino de la muerte.
Pero algunos a su lado, aun, si tenían esperanza, quizá en otra
mentira o en alguna verdad más fuerte, lo que fuese pero que trasladara la
impotencia de la inocencia sabida pero con el dolor de la injustica sufrida.
Para sus amados tal vez ya era demasiado tiempo sufriendo, para ellos mejor una
suerte o decision definitiva podría ser menos tortuosa.
Frágilmente su alma trataba de superar su ánimo, su espíritu su
ser, pero no lograba recordar si vivía o si moría, si sentía o soñaba, si
hablaba o pensaba; porque el tiempo se convertía en el gran dictador de sus
recuerdos, que cada vez eran más pocos pues su cuerpo debilitado por la
tragedia no soportaba tener que despertar ni moverse, no tenía capacidad para
transmitir algo de vida a su cerebro.
Tal vez ya estaba lejos de donde creía, quizá la esperanza era
vana, pues el juego hace tiempo había terminado y sin darse cuenta solo lo
recordaba o soñaba, nunca se dio cuenta pero su celda estaba atrás ocupada
por otro, quizá su vida no le pertenecía mas, quizá nunca la tuvo.