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miércoles, 10 de junio de 2026

Mundo demasiado Veloz

Cada vez sentimos que el mundo se mueve demasiado rápido.

No ocurre durante las grandes decisiones ni en los acontecimientos extraordinarios. Suele suceder en instantes mucho más simples. Mientras observamos una fotografía antigua. Mientras volvemos a una calle que conocíamos bien. Mientras escuchamos una canción que creíamos olvidada.

De repente algo se detiene por dentro, nos hace pensar. 

Y entonces aparece una pregunta incómoda, a veces retórica y otras sin respuesta. 

¿Cuándo pasó todo esto?

¿Cuándo dejaron los años de caminar para empezar a correr?

Hay una edad en la que uno cree que el tiempo es infinito. Los veranos parecen durar para siempre. Las despedidas son temporales. Los amigos estarán ahí mañana, la semana siguiente y dentro de diez años.

Después, casi sin darnos cuenta, comenzamos a medir la vida de otra forma, verla cada vez más corta. 

Ya no recordamos los años por los cursos del colegio, sino por los lugares donde trabajamos. Por las ciudades que habitamos. Por las personas que llegaron. Por las personas que se fueron.

Un día descubres que una conversación que parece reciente ocurrió hace una década o más. 

Que los niños que corrían por el parque ahora son adultos o simplemente no existen. 

Que algunos sueños se cumplieron.

Y que otros dejaron de importar.

Lo extraño no es que el tiempo pase.Siempre lo ha hecho.Lo extraño es la velocidad con la que desaparece aquello que parecía permanente.

Las modas cambian.

Las costumbres cambian.

Las ciudades cambian.

Nosotros cambiamos.

Todo parece estar en movimiento.

Y, sin embargo, cuanto más observo esa transformación constante, más me convenzo de que las cosas verdaderamente importantes apenas han cambiado.

Seguimos necesitando sentirnos comprendidos.

Seguimos buscando un lugar al que pertenecer o queriendo volver a el. 

Seguimos necesitando la tranquilidad de una voz conocida cuando los días se vuelven difíciles.

Seguimos emocionándonos cuando alguien nos espera o cuando sabemos que llegará. 

Seguimos construyendo nuestra vida alrededor de las mismas preguntas que acompañaron a quienes vivieron mucho antes que nosotros.

Quiénes somos.

A quién amamos.

Y qué huella dejaremos cuando ya no estemos aquí. Ninguna quizá, quizá solo seamos olvidados o quizá levanten una estatua a nuestro nombre. Como sea no lo veremos.

No corras ya el mundo lo hace.